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Había
una vez en la antigua China, un hombre muy pobre y desgraciado,
que siempre tenia mala suerte. Vivía humildemente de su trabajo,
pues era pescador. Su estatura era baja, tenía la cabeza grande
y el defecto de una gran joroba en su espalda. Su casa
pertenecía a un barrio pobre.
No tenía amigos a causa de su mal carácter. Pensaba secretamente
que la gente lo odiaba, pero no podía precisar bien la razón de
ello.
Era huraño. Llevaba vida de ermitaño, y su pobreza y desdicha le
habían inducido a sentir odio hacia sus semejantes.
Jonás era nervioso, muy nervioso, por causa de su continua mala
suerte, ya que todo le salía mal. Un día que había pescado
mucho, un grupo de ladrones, le arrebató su cargamento.
Todos los días muy temprano, iba a pescar al mar. Para ganarse
el sustento diario con su carga de peces, los cambiaba por
dinero en la feria pública de China.
Hacía muchos años que hacia lo mismo: se levantaba con el sol,
cargaba sus redes en un pequeño carrito de dos ruedas a tracción
humana, y se encaminaba a la ribera. Lanzaba sus redes en el mar
y guardaba el producto.
Concluído su trabajo, comerciaba su mercadería en la feria. Y al
obtener su paga en dinero, volvía a su humilde vivienda por la
noche.
Un día, Jonás, llegó muy temprano a orillas del mar, y lanzó sus
redes: no pescó nada. Al día siguiente hizo lo mismo, con igual
resultado. Así pasaron las semanas, hasta que llegó el primer
mes sin pesca. Sus finanzas estaban tornándose desastrosas y
acudió a sus escasos ahorros para sobrevivir. Pasó el segundo
mes en la misma situación. Estaba desesperado y llego a maldecir
el día en que nació.
Por aquellos tiempos, existía en China un mago muy famoso. Era
Merlín, persona que se internó en los secretos ocultos de la
magia. Era consultado por muchísimos chinos y se decía que
conocía la fórmula para convertir el metal en oro.
Cuenta la leyenda que el mago se sentaba en un almohadón y en
pleno reino del silencio, practicaba su magia. Jonás creyó que
tal persona podía ayudarlo, pues con sus poderes resolvería la
causa de su ruina.
Se comentaba a nivel popular que Merlín conocía el secreto del
poder mágico, para convertir en realidad los deseos de los
hombres. Esto llegó a oídos de Jonás, que atraído en este
sentido lo consultó, para intentar resolver su serie de hechos
desgraciados.
Una tarde, cuando el sol se ocultaba, Jonás fue al palacio del
mago. Lo encontró sentado sobre su almohadón. Merlín vio entrar
un hombre pobre, desgarbado y con una joroba en su espalda.
Jonás se sentó enfrente del mago, quien dijo:
- Quiero saber por qué has venido a verme.
- Porque estoy desesperado. Todo me sale mal. La desgracia me ha
vencido...
- Sabes que conozco el secreto de la magia para convertir en
realidad los deseos del hombre? - preguntó Merlín.
- Si! Si! Oh gran mago! Lo sé...
- ¿Y cuál es el deseo que nunca pudiste realizar en esta vida y
en este mundo?
- ¿Puedo decírtelo en secreto?
- Habla confiado que todo quedará entre ambos - respondió el
mago.
- Mi único y mayor deseo es ser un Rey, un monarca poderoso, un
soberano de un gran estado que tenga mando sobre sus ejércitos y
que reine ante sus súbditos con invencible poder... Pero ya
veis, oh gran Merlín! En realidad soy sólo un pobre hombre
desgraciado y desesperado.
- ¿Y deseas ser un Rey poderoso?
- Sí! Sí! Lo deseo tanto como la vida misma!
- ¿Un Rey muy poderoso? - insistió el mago.
- Sí, gran Merlín. ¡Os ruego y suplico que conviertas mi deseo
en realidad!
- Lo haré - afirmó Merlín - Tu deseo se hará realidad y serás un
Rey muy poderoso.
- ¡Gracias! ¡Gracias, gran Merlín! Qué debo hacer?
- Harás esto: comerás carne de lobo durante nueve noches y a la
décima, beberás este licor que yo mismo preparé... Con esto te
convertirás en el Rey de China.
- Gracias, Merlín. No tengo con qué pagaros, pero Dios te lo
pagará.
Concluída la consulta, Jonás se retiró. Estaba convencido que su
deseo se convertiría en realidad, por obra de la magia de
Merlín. Cumplió con los rituales mágicos. Comió carne de lobo
durante nueve noches y a la décima bebió el licor. Seguidamente,
entró en un profundo sueño y durmió dos días seguidos. Al
despertar, se levantó trastornado y dijo:
- ¡Soy el Rey de China!
Tenía perdida la mirada. Su rostro era adusto y ceremonial.
Salió a la calle y creyó ver una multitud aclamándolo, pero en
realidad, sólo era una alucinación.
- ¡Soy el Rey! ¡Soy el Rey! - gritaba mientras caminaba por las
calles.
Luego, entró a su casa y creyó ver a la servidumbre. Vio su
trono en una silla destartalada y se sentó en ella, mientras
decía:
- Ahora soy el Rey y reinaré. Obedecedme!
Lo que ocurrió, fue que se había vuelto loco. El Mago lo había
engañado con sus poderes. Pero Jonás, en su locura, pudo cumplir
su profundo deseo y fue feliz.
FIN
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